sábado, 12 de febrero de 2011

Haruki Murakami


  • Nombre: Haruki Murakami
  • Nacionalidad: Japonesa
  • Nacimiento: Kioto, 12 de enero de 1949
  • Obra de referencia: Tokio Blues (Norwegian Wood)
  • Premios: Noma,  Tanizaki,  Yomiuri,  Kafka, Jerusalén

Biografía:


Haruki Murakami nació en Japón durante el “baby boom” posterior a las Segunda Guerra Mundial. A pesar de nacer en Kyoto, pasó la mayor parte de su juventud en Shukugawa (Nishinomiya), Ashiya y Kobe. Su padre era hijo de un monje budista y su madre hija de un comerciante de Osaka. Ambos enseñaban literatura japonesa.
Desde su infancia, Murakami ha estado muy influenciado por la cultura occidental, particularmente en cuanto a música y literatura. Creció leyendo gran cantidad de trabajos de escritores americanos como Kurt Vonnegut y Richard Brautigan y es por ello que suele diferenciarse de otros escritores japoneses debido a sus influencias occidentales.
Estudió literatura y teatro en la Universidad de Waseda en Tokio, donde conoció a su mujer, Yoko. Su primer trabajo fue como dependiente de una tienda de discos, donde trabaja uno de sus principales personajes: Toru Watanabe en Norwegian Wood. Poco después de finalizar sus estudios, Murakami abrió un bar de jazz llamado “Peter Cat” en Kokubunji, Tokio junto a su mujer. El bar estuvo abierto desde 1974 hasta 1981.
Muchas de sus novelas tienen títulos o temática referida a música, ya sea clásica, como los títulos de los tres libros que forman “Crónica del Pájaro que Da Cuerda al Mundo” basados en obras de Rossini, Schumann y Mozart; o canciones pop como “Dance, Dance, Dance” de The Dells, la propia “Norwegian Wood” de los Beatles o “Al Sur de la Frontera, al Oeste del Sol” (South of the Border, West of the Sun) cuya primera parte es el título de una canción de Nat King Cole.
Murakami es un amante de los gatos y habitual corredor de maratones y triatlones. Aunque empezó a correr tarde, a los 33 años, ha completado un ultramaraton de 100 kilómetros alrededor del Lago Saroma en Hokkaido. Esta afición queda reflejada en su obra de no ficción “De qué hablo cuando hablo de correr” publicada en 2008.

Obra:

Novela 

1979 Hear the Wind Sing (no publicada en español)
1980 Pinball, 1973 (no publicada en español)
1982 La caza del carnero salvaje
1988 Dance Dance Dance (no publicada en español)
1992 Al sur de la frontera, al oeste del sol
2009 1Q84

Relato

1983-1990 The Elephant Vanishes (no publicada en español)
1996 Sauce ciego, mujer dormida
2000 After the quake (no publicada en español)

Ensayo/Otros

1990 Rain, Burning Sun (Come Rain or Come Shine) (no publicada en español)
1997 Portrait in Jazz (no publicada en español)
1997–1998 Underground (no publicada en español)
2001  Portrait in Jazz 2  (no publicada en español)
2007 De qué hablo cuando hablo de correr
 

miércoles, 9 de febrero de 2011

La Lectura y el Arte

La Lectura, de Picasso
¡29,7 millones de euros! Por ese precio desorbitado se ha vendido "La Lectura" de Picasso en la subasta celebrada en la sala Sotheby's de Londres. La obra ya había sido subastada anteriormente por no más de cinco millones de euros. Semejante subida de precio no atiende a razones.
Pablo Picasso pintó en 1932 este óleo que representa a una joven, Marie-Thérèse Walte, que inspiraría al pintor en multitud de retratos de mujer a lo largo de ese año. Se trata de un cuadro de vivos colores que representa, según dicen, al libro como símbolo sexual. No es la única referencia literaria de Picasso, que también pintó "Dos mujeres leyendo" dos años después.
La Lectura, de Manet

Como es natural, el libro ha sido modelo para multitud de artistas. Manet pintó su propia "La Lectura" en la que mostraba a su hijo leyendo un libro frente a su mujer, Suzanne, donde dominaban los blancos luminosos. Su relación con la literatura no acaba ahí, pues fue el autor de un retrato del escritor Émile Zola, amigo de su juventud, en 1968, y más adelante, en 1880, con su cuadro "Mujer Leyendo" que representaba la vida moderna de la época.  Manet no fue el único impresionista que abundó en esta temática. Pierre Renoir, pintó su "Muchacha Leyendo" en 1876, aprovechando la luz que sale del libro y de la lectora para inundar de conocimiento la escena, o "Una Joven Leyendo" en la que se muestra a una muchacha disfrutando de la lectura ante un jarrón de flores.
Muchacha Leyendo, de Renoir
Otros ejemplos se pueden encontrar en "Niño Leyendo" del chileno Valenzuela Puelma o "Hombre Leyendo en el Parque" del expresionista alemán August Macke. El mismo Botero también pintó a varias a mujeres leyendo. En definitiva, el viejo gusto por la lectura ha trascendido generaciones de pintores y seguirá haciéndolo mientras haya gente que ame al libro.
  Personalmente, me ha llamado la atención la obra hiperrealista de un pintor iraní, Iman Maleki, con varios cuadros preciosos de lectores extasiados como todos nosotros. Lo he encontrado por ahí, perdido en la red, pero vale muchísimo la pena, sobre todo en estos tiempos en el que se prima el absurdo arte moderno que puebla las galerías de muchos de los museos. La mayoría de los cuadros de Maleki tienen una expresividad asfixiante y yo diría que son más que reales, extraordinariamente reales. Supongo que a los detractores del realismo les estomagará, pero no es el caso. A continuación os dejo el enlace a la página web de este joven pintor que no tiene desperdicio: Web de Iman Maleki. Espero que os guste su obra tanto como me ha gustado a mí.

Omens of Hafez, de Iman Maleki
Sisters and Book, de Iman Maleki

lunes, 7 de febrero de 2011

Nunca Me Abandones - Kazuo Ishiguro

Argumento:

A primera vista, los jovencitos que estudian en el internado de Hailsham son como cualquier otro grupo de adolescentes. Practican deportes, o tienen clases de arte donde sus profesoras se dedican a estimular su creatividad. Es un mundo hermético, donde los pupilos no tienen otro contacto con el mundo exterior que Madame, como llaman a la mujer que viene a llevarse las obras más interesantes de los adolescentes, quizá para una galería de arte, o un museo. Kathy, Ruth y Tommy fueron pupilos en Hailsham y también fueron un triángulo amoroso. Y ahora, Kathy K. se permite recordar cómo ella y sus amigos, sus amantes, descubrieron poco a poco la verdad. El lector de esta espléndida novela, utopía gótica, irá descubriendo que en Hailsham todo es una re-presentación donde los jóvenes actores no saben que lo son, y tampoco saben que no son más que el secreto terrible de la buena salud de una sociedad.

Opinión:

En Nunca Me Abandones (Never Let Me Go) se cuenta una historia corriente: un relato de la vida de tres jóvenes, centrada en un punto de vista muy personal de su protagonista, Kathy K. Hasta aquí, se trata de una narración meticulosa y precisa, que abunda en los sentimientos, las reacciones y las sensaciones propias de tres adolescentes (en el primer tramo, durante su etapa en el instituto) y de tres adultos (más adelante, cuando lo abandonan). Kazuo Ishiguro trenza con delicadeza ese entramado de relaciones personales con gran maestría, manejando los tiempos con calma y dejando fluir en el lector un interés natural por la vida de los personajes.
Kazuo Ishiguro
No obstante, la magia de la novela se sustenta en ese halo de misterio que subyace bajo esa aparente normalidad de la que hablaba al principio. Los alumnos del internado Hailsham no son chicos corrientes. Están destinados a morir, a donar sus organos a la gente de verdad: la humanidad que los ha creado. Es entonces, cuando conocedor de esa verdad incómoda, te domina la inquietud, pero levemente, con un pequeño temor constante a la espera del destino fatal de los protagonistas. Sorprende de veras, la naturalidad con la que los chicos de Hailsham afrontan ese destino, al principio bastante ignorantes, pero del que llegan a ser plenamente conscientes al dejar el instituto. Sin embargo, nunca llegan a asimilar la verdadera realidad que desconocen y que se les ha ocultado durante toda su vida.
En este escenario, el escritor británico navega con pericia hacia la conclusión de esta fantástica novela. Como contrapunto, cierta lentitud en el desarrollo puede causar aburrimiento a alguno, pero vale la pena continuar hasta el final para disfrutar de la meláncolica conclusión narrada por Kathy K. 

domingo, 30 de mayo de 2010

Lo que nos deja y no nos deja LOST


Después de aguantar una semana tapándome los oídos, hoy he visto el último capítulo de Perdidos. Después de leerme unos cuantos cientos de comentarios sobre el tema, que pivotaban entre la "monumental decepción" y el "monumental final" he llegado a la conclusión de que, si bien el final ha sido bastante fiasco, la serie no se puede tirar a la basura por ello, ya que existen muchos detalles que hacen de ella algo nuevo y extraordinariamente innovador.
Lo primero que voy a hacer es parafrasear a uno de los foreros que he leído que decía: "Perdidos es en cierto modo una serie calientabraguetas". Pues sí, te promete te promete pero al final nada, y no sé puede saber a ciencia cierta si ha sido por torpeza de los guionistas o exigencias de los productores. El mundo de las series es quizás el más complicado para desarrollar una buena historia sin restricciones. Las series que superan el piloto y consiguen aguantar más de una temporada son las afortunadas. Es difícil, en esas condiciones, desarrollar una historia para seis temporadas con la previsión de que te van a dejar llegar hasta allí. Por eso dudo mucho que Lindelof lo tuviera todo pensado.
Si hacemos un ejercicio de imaginación, o más bien bloqueo mental, y eliminamos de la última temporada todas las escenas de ese universo atemporal y paralelo, veremos que no tienen ninguna influencia en la historia general y, sin embargo, forman parte de la conclusión yo diría que en más de un 50%. Desde luego es un dato a tener en cuenta y que sólo indica lo "perdidos" que estaban los guionistas. Ese final lacrimógeno que a algunos tanto ha gustado no ha sido más que un golpe de efecto final, un intento de desviar la atención. Por eso digo que hagamos ese ejercicio y entonces nos preguntaremos: ¿ya ha terminado? Porque no se ha resuelto nada absolutamente. Eso es algo objetivo.
En relación a los flecos no resueltos, los defensores de este final también alegan que lo importante no es que se expliquen todos los misterios, sino el desarrollo de los personajes y su última redención. Eso estaría muy bien si, en efecto, ésa hubiera sido la intención de los guionistas, pero es evidente que no ha sido así. Ese nuevo universo, sacado de la manga, no es más que un intento torpe de tapar lo que no han sabido contar.
Echando la vista atrás y analizando la serie con toda la perspectiva posible, no se puede, como ya he comentado al principio, ponerle la cruz por su final decepcionante. Perdidos ha tenido momentos maravillosos, ha incluido elementos nunca vistos: el flashforward, el flashside (es lo único bueno de la sexta temporada), la ambición de la historia, la puesta en escena, y un largo etcétera. La profundidad de los personajes es digna de la mejor novela costumbrista. Es quizás el punto fuerte de la serie y es lo que causa esa empatía con los personajes que ha hecho que algunos hayamos visto este final con más cariño que el que se merece. El planteamiento inicial es fantástico. Hacía tiempo que no se planteaba algo tan novedoso y fresco. Lástima que se haya deslucido tanto, pero en fin, la verdad es que ha tenido momentos inolvidables.
Para los incondicionales decirles que el final no ha sido bueno, por mucho que se empeñen.
Para los escépticos decirles que ha sido una serie fantástica y que no todo se puede medir por la última impresión.
Yo he tenido muchas sensaciones después de levantarme del sofá y eso quiere decir, que para bien o para mal, algo me ha dejado esta serie. La echaré de menos.



viernes, 21 de mayo de 2010

De cómo descubrí que ya no era un friki y que me había convertido en un snob

Subo a mi habitación y observo sorprendido que el libro perenne de mi mesilla se ha convertido en una pila de ellos, casi una montaña. Me asombra. Juraría que hacía una semana sólo tenía dos. Me acerco y miro: un Thomas Pynchon que nunca terminaré, algo de Borges, Onetti, uno de Baroja y el primero de la colección de Mundodisco que ni siquiera he abierto. Ahora coloco La Carretera encima y aquello amenaza con tambalearse. Me pregunto si eso puede ser peligroso para mi salud, cuando en plena noche, adormecido, agite algún brazo y todo caiga sobre mi cabeza, la sangre esturreada por la almohada e impregnando al insufrible Pynchon. Rechazo esa idea porque, además de no tener ningún sentido, sin darme cuenta, el impasse ha dejado de ser impasse y ya me he encargado de sacar todos aquellos libros de allí. Ahora trato de colocarlos en las rendijas de mi librería que hace mucho tiempo dejaron de serlo para convertirse en segmentos de grosor nanométrico, casi infinitesimal. Meter algún libro allí es del todo imposible. Al contemplar la fila de novelas me vinien a la mente los recuerdos de mi juventud (la primera de todas, por supuesto, que todavía soy joven). En esos tiempos leía de un modo muy distinto, con voracidad. Me encantaba la fantasía épica, era algo nuevo, demasiado excitante como para dejarlo pasar. Mis volumenes de la Dragonlance están perfectamente ordenados por trilogías. Al lado, los Reinos, más allá, los Tolkiens y más y más. Abro un volumen de la Dragonlance: los Preludios Trilogía Primera, el País de los Kenders. Leo unos párrafos y... ¡Ay, Dios mío! ¿Pero esto qué coño es? ¡Esto es una puta mierda! Te lo juro, antes estaban guapos. ¡Que sí, hombre! ¡Que molaban! Pero cómo van a molar si son una bazofia. ¡Sí tío, molaban! Pues va a ser que no. Espérate hombre. Abre otro, ya verás. Muy bien, de acuerdo. Lo haremos a tu manera (esta conversación la tenía conmigo mismo, aunque parezca un poco demencial). Así que abrí otro, ahora las Crónicas. Ésa es la primera, la obra cumbre de Weis y Hickman. De nuevo leo algún párrafo. ¿Será posible que esto me gustara? Pues sí, hijo mío, sí que te gustaba. Así que empiezo a preocuparme, porque yo pensaba que la magia de la literatura estaba en la fantasía y ahora descubro que la magia puede que esté, pero la buena literatura desde luego que no está por ningún lado. O a lo mejor soy yo. Tengo que ser yo. Sí amigo, me digo a mí mismo, ya no eres un friki. ¿Pero a tí qué te gusta? Pues Haruki Murakami, respondo convencido. ¡Ay, entonces ya es seguro que no eres un friki! ¿No? ¿Y qué soy?
¡Está claro! ¡Eres un puto snob!